El Modelo
The Ripple Effect

La Inteligencia Emocional no es simplemente un conjunto de habilidades; es una forma única de ver el mundo que nos rodea.

La mayoría de la gente piensa que desarrollar Inteligencia Emocional es aprender a sentir sensaciones corporales, a manejar el estrés, a ser positivo y a ser empático con los demás.

 

Y eso significa desarrollar Inteligencia Emocional… 

pero en una primera instancia y de manera muy superficial.

 

El impacto real que tiene el correcto desarrollo de la Inteligencia 

Emocional deriva de comprender un principio básico:

Hay cosas en la vida que podemos
controlar y otras que no

¿Qué podemos controlar realmente?

 

Cómo reaccionamos a nuestras emociones

 

Cómo reaccionamos a nuestros pensamientos

 

Cómo reaccionamos a las acciones de los demás

 

De este principio derivan dos reglas fundamentales que no solo son los pilares de la Inteligencia Emocional de verdad, sino que es la base de la tranquilidad interna y bienestar emocional;

 

Debemos hacernos responsables de aquello que podemos controlar 

(nuestras emociones, pensamientos y acciones)

 

Debemos colocar nuestra felicidad en aquello que podemos controlar 

(en vez de en las emociones, pensamientos y acciones de los demás)

Hacerse siempre responsable de lo que podemos realmente controlar y colocar nuestra felicidad en aquello que podemos controlar, son dos planteamientos absolutamente claves para desarrollar el resto de características y habilidades de nuestra Inteligencia Emocional de verdad:

Características de las personas
emocionalmente inteligentes

Atención plena

Las personas emocionalmente inteligentes;  

 

  • son conscientes de lo que están pensando, sintiendo y haciendo en todo momento -están siempre presentes en su experiencia-,
  • recuperan rápidamente su atención cuando se distraen, y
  • dirigen su foco de atención adonde quieren y cuando lo desean.

Porque saben que su realidad y experiencia está determinada por la percepción que tengan en ese instante. 

Seguridad en uno mismo

Las personas emocionalmente inteligentes; 

 

  • escuchan, valoran, respetan y utilizan sus emociones para conocerse mejor a ellas mismas, e
  • identifican así sus gustos, pasiones, virtudes y puntos a mejorar. 

Por esa razón, se sienten muy cómodas en su propia piel, pueden reírse de ellas mismas, y tienen más posibilidades de alcanzar sus metas y cumplir sus sueños.

Resiliencia

Cuando experimentan contratiempos personales o fracasos profesionales, las personas emocionalmente inteligentes; 

 

  • únicamente prestan atención a aquello que tienen capacidad de influencia, 
  • eligen gestionar sus emociones ejerciendo una visión positiva de la situación, e
  • interpretan sus sentimientos incómodos como oportunidades para comprenderse mejor a ellas mismas y crecer personalmente. 

Esta actitud, combinado con altos niveles de confianza en ellos mismos, permite que aprecien nuevas experiencias y, en última instancia, se sientan cómodas ante el cambio y la adversidad. 

Conciencia social

Tener confianza en uno mismo significa tener más capacidad para empatizar con uno mismo también, lo que facilita poder empatizar con los demás. Las personas que son inteligentes con sus emociones, no tienen problemas para; 

 

  • aceptar, respetar y valorar a los demás, y 
  • ayudar a otros a alcanzar sus metas y sueños, apoyando su crecimiento personal e inspirando a otros a hacer lo mismo.

Además, prestan atención a la comunicación no verbal de los demás para «adivinar» sus estados de ánimo y actuar en consecuencia. 

Relaciones saludables

Cuando ocurre un conflicto con alguien, en lugar de culpar a la otra persona de «hacerles sentir» de cierta manera, las personas emocionalmente inteligentes; 

 

  • se hacen responsables de sus emociones, 
  • reflexionan sobre posibles hábitos poco saludables que puedan tener con sus relaciones,
  • asumen la responsabilidad de lo que sienten, y 
  • construyen estrategias para manejar sus emociones en lugar de dejar que las emociones controlen cómo se relacionan con los demás.

Por supuesto, para adquirir estas características, debemos desarrollar ciertas habilidades: 

Por el contrario, algunas de las características de las personas con poca Inteligencia Emocional serían:

 

  • no dar importancia a las emociones;
  • no prestar atención a las emociones de los demás;
  • dejar que sus emociones controlen sus acciones y pensamientos;
  • estar incómodos con ellos mimos, y dejar que sus inseguridades dicten sus acciones y forma de ser;   
  • ser incapaz de inspirar, comunicar y trabajar con otras personas de manera efectiva;
  • ser incapaz de adaptarse a nuevas circunstancias y ambientes;
  • lamentarse por cosas que no están bajo su control o influencia;
  • no hacerse responsable de sus acciones y emociones;
  • ser incapaz de ganar perspectiva de situaciones y falta de sentido del humor.

En The Ripple Effect, como puedes ver, creemos que las personas emocionalmente inteligentes son conscientes en todo momento de lo que sienten y piensan, son seguras de sí mismas, son resilientes, prestan atención a las emociones que pueden estar sintiendo los demás y, en consecuencia, construyen relaciones saludables.

 

En este sentido, la Inteligencia Emocional no es simplemente la capacidad para entender emociones; es una nueva forma de interactuar con el mundo. Cuando la desarrollamos no solo adquirimos un conjunto de habilidades, sino que realizamos un cambio de identidad también.

 

Al desarrollar nuestra Inteligencia Emocional, generamos el efecto dominó más eficiente, sostenible y positivo para nosotros mismos y los demás, para nuestras comunidades y por supuesto para las generaciones del futuro.

 

Y eso es lo que queremos ayudarte a lograr.

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